Wednesday, November 18, 2009

El tesoro de Sophia (y una lección para el papi)

Todas las mañanas de colegio Sophia hace distintos intentos por alargar un poco más la salida de la casa. Pide que le contemos cuentos, juega, pide, llora, baila. De la mano de todas esas ocurrencias vamos nosotros y directamente proporcional a la hora de salida se reduce nuestra paciencia para complacerla. Ayer, la última ocurrencia fue llevar su cajita del tesoro al colegio. A mi parecer, las distintas moneditas del tesoro podían ser un peligro porque los niñitos se la podían tragar y me parecía que las maestras no le iban a dejar jugar con las moneditas en clase. Volvimos a discutir y con apoyo de la mami, Sophia se trajo la cajita para el colegio.

Al bajar del carro, se le cayeron y se regaron por todo el piso (otro retraso más a la llegada). Me miró con carita de "me vas a regañar?", entendí a tiempo para aguantar el regaño a medias, se disculpó y seguido la ayude a recogerlas y le pedí que las guardara. Se negó a hacerlo, ella quería llevarselas en la mano. Otra vez, eramos dos testarudos en plena faena. Total que desistí y la dejé que se las llevara.

A penas nos acercamos a la entrada del colegio comenzamos a toparnos con todo el personal, los que paran el tráfico, los que reciben a los niños del carro de sus papas, la directora que se para en la puerta contando los minutos para cerrarla. A cada uno de ellos Sophia les mostró su tesoro y cada uno le aplaudió su gesto de mostrarles la cajita, todos le halagaron sus moneditas y todos la hicieron sentir como una estrella por tan buena inciativa. Yo la llevaba de la mano y veía atónito como su idea, simple e inocente pero bien llevada, la iba llenando de orgullo y de éxito a medida que avanzabamos el camino al salón. En el pasillo me miró con una cara de alegría y de complicidad, y por un momento me hizo sentir que a pesar que fuí el ogro de la mañana, ella me hacía parte de tan exitoso episodio. No me salieron otras palabras que decirle que su cajita había sido un éxito y que la felicitaba porque a todo el mundo le gustó (quien sabe si me entendería lo que quise decir, pero el cargo de conciencia no me dejaba articularlo de otra manera)

Al llegar al salón fue la cúspide. Su profesora le recibió la cajita con la misma receptividad que los anteriores y le preguntó que eran? y Sophia le respondió que eran moneditas de su papá que era de Venezuela. Espero que nadie se haya dado cuenta, pero al oir lo que dijo casi me caigo en pedazos en una mezcla de sorpresa, rabia por ser tan terco y alegría porque la Sophi a pesar de todo había cumplido a plenitud lo que quería. Como trofeo final la profesora le dijo que iban a ver las monedas con todos los niños cuando hicieran su reunión en círculo.

La chupi se devolvió para darme un abrazo de despedida y como si fuese un adulto le dije: puchi te felicito y diculpame por haberte dicho que no trajeras la cajita. Y así mismo me dijo: no te preocupes papi, todo está bien.

Yo salí de ahí como si estuviese en una película de alto drama. Para mi fue un día aleccionador, pero más allá de mi experiencia, lo mejor de todo fue ver a Sophia disfrutar del éxito rotundo de su iniciativa y sonreir mientras cautivaba a todo el mundo con su cajita del tesoro.

El mejor ejemplo de lo importante de dejar correr la intuición y las sanas inciativas de los niños.

1 comment:

Anonymous said...

Viste papá que todos los días los que vamos a la escuela somos los padres? es que no se cansan de enseñarnos, que belleza, no re creas que yo de prejuiciada hubiera pensado igual que tu...que no, que se pierden, que se las tragan...en fin, hay que dejasre llevar.
Besos y amores de la Tía Ele y María Emilia.